Estulticia en Palacio


“No hay peor ignorante
que el que no sabe
que es ignorante”
SOCRATES


26/08/2020.- Es incuestionable que a lo largo de la vida independiente de nuestra nación han existido personajes que ocuparon la más alta responsabilidad que mexicano alguno puede aspirar, mismos que quedaron rotulados indeleblemente para la posteridad con ese estigma llamado estulticia o estupidez, viniéndose a convertir a la postre en el signo más distintivo de su paso por la silla presidencial.

Es así que para desgracia de nuestro sufrido país, han existido personajes que pasaron a ocupar un lugar “privilegiado” en el basurero de la historia por su estupidez, ignorancia y soberbia extremas, de la mano del enorme e
irreversible daño que sus decisiones nefastas le provocaron a los mexicanos.


El caso quizá más emblemático de todos ellos es el de López (qué coincidencia, no creen?) de Santa Anna quien gobernó buena parte de la primera mitad del siglo XIX. El autodenominado Su Alteza Serenísima ocupó la Presidencia de la República durante ¡6 períodos!, caracterizándose por un gobierno eminentemente populista, perverso e ignorante (y vuelve la burra al trigo con eso de la coincidencia), que dio finalmente como resultado ni más ni menos que ¡la pérdida de la mitad del territorio nacional! a manos de los Estados Unidos de Norteamérica.

Antonio López de Santa Anna


En épocas más recientes y como parte importante de la picaresca mexicana,
apareció en escena por allá de los años 60´s un personaje llamado
Hermenegildo Torres, fundador del PUP, Partido Único de Pendejos (*), dentro del cual se establecían algo así como ciento y tantas categorías que
constituyeron por muchos años una parte importante del humor cotidiano de los coloquios de millones de mexicanos.


Aunque para ser justos tales denominaciones hacían referencia a todo el
espectro de la sociedad, habían algunas de ellas que venían a ser unos
auténticos trajes a la medida para la clase política mexicana; vgr. el telescópico (de lejos se le nota lo*); el esférico (por el lado que lo veas es *); el  enciclopédico (sabe un montón de *s); el líder (lo siguen todos los *s); el
hiperactivo (hace *s una tras otra) y el religioso (le reza diario a Diosito para que pueda hacer más *s), por mencionar sólo unos cuantos que nos
proporciona esta singular clasificación.


Al hacer mención específicamente de cuales de los personajes que ocuparon la más alta magistratura del país durante el siglo XX y lo que va del XXI encajaban en algunas de esas categorías (y de otras nuevas que nos
permitimos agregar de nuestra cosecha), pude llegar a la conclusión de que
para mí aquellos que se han hecho acreedores a ocupar los primeros lugares por sus “méritos en campaña”, son los siguientes:

Luis Echeverría Álvarez

1. Al Presidente que estuvo en el cargo de 1970 a 1976 (LEA) y que
resultó ser el dueño indiscutible de unos kilométricos discursos,
rebosantes todos de una verborrea incontinente, lo ubicamos en
la categoría del *parabólico. Para donde dirigiera su mirada
cometía *s. Paradojas de la vida. Con 101 años a cuestas y
habiendo basado su campaña en el lema de “arriba y adelante”,
acabó convirtiéndose irónicamente en el patético gobierno del
“abajo y atrás”, colocándose así –en vida- en uno de los sitios más
recónditos del sótano de la historia.

Su analfabetismo crónico en cuestiones económicas lo llevó al extremo de utilizar la famosa frase de que “la Hacienda del país se manejaba desde los Pinos”, lo que a la postre acabó provocando la pavorosa devaluación de
1976 y el inicio de una inestabilidad económica y social endémica
que duró casi 3 sexenios, ocasionando de paso un daño sin
precedentes a la institución presidencial.

José López Portillo


2. Al Presidente de 1976 a 1982 (JLP) y conocido popularmente
como el “perro de la colina” por la suntuosa residencia que le
regalo Carlos Hank González, le adjudicamos el calificativo del
*frívolo.

Su acentuado gusto por las faldas y por lo superficial, aunado a su también palmario desconocimiento en cuestiones económicas, le hizo cometer un sinnúmero de *s que le terminaron cobrando una carísima factura por su ocurrencia de nacionalizar la Banca y la impresionante devaluación de 1982 que eso propició. Su inolvidable frase de “defenderé el peso como un
perro”, vino a ser la chispa que prendió la mecha de lo que sería
su derrumbe total, de la mano de una pérdida brutal en la
capacidad adquisitiva y en el empleo de millones de mexicanos.
Murió finalmente en la más espantosa soledad, sin ni siquiera
tener irónicamente a su lado a un perro que le ladrara.

Vicente Fox Quesada

3. Al Presidente del 2000 al 2006 (VFQ) y mundialmente conocido
como el “señor de las botas”, lo colocamos en la categoría del
*gourmet, por aquello del “comes y te vas” que le recetó
insólitamente nada más y nada menos que a ese astuto colmillo
retorcido llamado Fidel Castro, para pasmo y burla del mundo
entero.

Asimismo, con su reiterada mentira de campaña de llamar
“lavestida” a su principal opositor, mote que le puso arguyendo
que éste era un supuesto mandilón, consiguió en última instancia
que ese mismo calificativo acabara siendo el signo distintivo de su
gobierno, al percatarse claramente todo México de que el
“mandilón mayor” era precisa y paradójicamente él mismo,
contribuyendo de paso a generar la percepción generalizada de
que el verdadero poder tras el trono en buena parte de los
asuntos de Estado y de gobierno, vino a ser finalmente –quién lo
diría- su “querida Martita”; y finalmente,

Andrés Manuel López Obrador


4. Al Presidente del 2018 al…..?? (YSQ) e incansable candidato en
campaña permanente (aún en su gobierno), hemos decidido
colocarlo en la categoría del *sin fronteras. Aquí no hay límite
alguno para pensar, decir y hacer *s (y mentiras) con la misma
facilidad con que se respira.

De Norte a Sur; de Este a Oeste; en sus asfixiantes mañaneras; frente a sus babeantes huestes o en foros de cualquier tipo; en el ayer y en el hoy, este inefable individuo se lleva de calle el trofeo -¡por aclamación!- al mayor
mentiroso, ignorante, soberbio, perverso y por supuesto * que ha
conocido la historia presidencial de nuestro país.


No satisfecho con el inmenso e irreparable daño que ha
provocado a México en todos los órdenes, en sus apenas 2 años
aproximados que lleva de su gobierno, este lagarto más que peje
se ha venido a convertir en el hazmerreír de ciudadanos y
gobernantes de prácticamente todo el mundo.

En cuestión de conocimientos (es un decir) de economía básica (por mencionar sólo una parte importante de su fracasado gobierno), a no dudar
que se lleva todos los galardones habidos y por haber, reflejo de
su ignorancia sin límites en esta delicada materia. Si de muchos
otros ejemplos se tratara y únicamente por mencionar el
incuantificable costo económico que sus infames decisiones han
ocasionado al erario mexicano, ciertamente requeriríamos de
muchas páginas más para poder describirlos con detalle.


Y tal vez sea dable afirmar que el caso más representativo de su
proceder obtuso y caprichoso ha venido a ser la cancelación del
Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX ubicado en Texcoco,
con sus 180,000 millones de pesos de inversión directa tirados al
caño (80% de la misma procedente de particulares y con una
tercera parte de avance de obra) y los 40,000 empleados y
trabajadores echados olímpicamente a la calle, que aunados al
tremendo impacto social y económico que en su caso habrían
generado los incuantificables beneficios para el país que ese
ambicioso proyecto acarrearía de forma directa e indirecta,
constituye, sin ápice de duda, el monumento más grande a la
estupidez en que haya incurrido gobernante alguno en la historia
de México, lo cual habrá de convertirse, seguramente, en el sello
más ominoso que su des-gobierno dejara para las futuras
generaciones.


La conclusión de todo esto es muy simple. Esta descripción a ojo
de pájaro del estulto personaje que habita en Palacio Nacional,
pretende ser un retrato elocuente de lo que millones de
ciudadanos con dos dedos de frente están viendo y constatando
día con día.

Si ya de por sí resulta tremendamente difícil aceptar
que alguien tan limitado, obcecado, perverso y soberbio se
encuentre a cargo de tan delicada responsabilidad, más lo es el
poder explicar la impresionante ceguera de aquellos que todavía
siguen pensando que éste presidente de cuarta (más no de la
cuarta) sigue siendo el “estadista” por el que votaron 30 millones
de ciudadanos en las elecciones del 2018.


Existen dos cosas que son infinitas:
el Universo y la estupidez.
Y del primero no estoy del todo seguro
Albert Einstein


Raúl Victoria Iragorri
Autor del libro Confieso que es…simple

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