El presidente y los francotiradores  

Gustavo Trujillo/Chiapas Digital

Para nadie es noticia que el país se encuentra polarizado, unos que defienden al Presidente y otros que lo atacan.

Entre sus defensores nadie se explica cómo alguien no pueda entusiasmarse con los cuatro puntos sustantivos de la política del Presidente López Obrador.  Las sociedades están dispuestas a sufrir mientras los males sean sufribles, hasta que en opinión de la mayoría los males se hagan insoportables:

Corrupción generalizada y lacerante,  casi todas las instituciones prostituidas.

Distintos tipos de pobreza en aumento, producto de la injusticia sistemática.

Inseguridad que campea abiertamente en el territorio nacional, resultado de la incompetencia y la torpeza para combatirla.

Impunidad desbordada, por un decadente y nocivo sistema de impartición de justicia, este deterioro se fraguó durante casi 40 años, tomará algunos años revertir este fenómeno.

Aspirar a que un país como México erradique la corrupción, instaure la justicia social, aplique la ley, y que cada uno de los mexicanos nos sintamos seguros, es una aspiración legítima y realizable, que son en principio los postulados del gobierno actual, creo que cualquier mexicano con sentido común se sentiría privilegiado de ayudar a que tenga éxito en su gestión.

Por el lado de los que lo atacan, son todos aquellos afectados por la llegada de un régimen distinto al que estaban acostumbrados y del que obtenían jugosas dádivas, vía concesiones, contratos, corruptelas, favores y puestos públicos.  Todos convertidos en francotiradores dispuestos a realizar la ruina del proyecto del nuevo gobierno a como de lugar, a través de infinitos grados de difamación, poseídos de la astucia de las viejas serpientes que han cambiado mil veces de piel.

Reclaman la defensa de las instituciones, en cuya defensa aparente ejercen sus hostilidades; escondidos con la capucha de las redes sociales, sus ojos escrutan el exterior con voluptuosa saña, los francotiradores enfundados en trajes de negocio, en vociferantes ex presidentes convertidos en caricaturas, y se han sumado hasta resentidos periodistas, su ferocidad da la impresión de aves de presa dispuestos a abatirse sobre su objetivo, este gozo psicopático confiere un realce odioso y siniestro, en él encuentran un encanto especial en revertir el orden, envueltos en un celo amoroso por el bienestar de la sociedad mexicana, este sentimiento provoca a los enemigos del Presidente una furia extraña y peculiar, son fanáticos o malhechores, les atrae hacer el mal al país y se regodean en ver que sus predicciones se hagan realidad.

Es más sano asumir la postura de dudar de todo, es necesario que las afirmaciones se presenten con la mayor demostración posible y que sean lógicamente irresistibles.

 

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