El fracaso de las estrategias de seguridad

Editorial/Chiapas Digital

La sociedad tuxtleca ha sido sacudida por la noticia indignante del incidente en el que se lesionó a un menor de edad con arma de fuego mientras viajaba con su familia en automóvil.

La condena y exigencia de justicia no se han hecho esperar, y con un pronóstico reservado sobre la salud del menor, las redes sociales también se han visto llenas de buenos deseos y de solidaridad con el menor y su familia.

Es injusto y es criminal que una familia tuxtleca esté pasando por un hecho tan lamentable, pero en el contexto general de hecho hay que señalar que el problema es aún mucho más grave; la estrategia de prevención de la violencia y de procuración de justicia y seguridad pública como políticas públicas y acciones sustantivas del orden federal estatal y municipal de gobierno, son un completo fracaso: desde por lo menos hace dos sexenios se viene pregonando a la sociedad chiapaneca que somos uno de los estados menos violentos del país, matizando con ello el hecho evidente de que no hay rumbo, ni estrategia, ni resultados concretos en un aspecto que es junto con la salud pública y la economía nacional, lo más importantes y sensible que todo mexicano aspira y que con justa razón reclama.

En el caso de Tuxtla Gutiérrez, el deterioro de la seguridad pública es preocupante y no parece tener freno en su curva de ascenso; a los señalamientos que se han hecho desde el principio de la presente administración sobre la ineficacia del secretario municipal de seguridad pública y de los compromisos políticos transexenales que lo tienen en esa posición, se le suma la indolencia y cerrazón de un alcalde que estuvo concentrado en su reelección y que hoy sigue metido en el tema electoral ante necesidad de clarificar su controvertida reelección.

Peor aún; mientras la seguridad pública en Tuxtla Gutiérrez se agrava con asaltos, robos, asesinatos y balaceras, el gobierno municipal tuxtleco raya en el insulto público con el permanente auto elogio acciones pírricas, organismos de ornato y la exacerbación de una agenda social de lo políticamente correcto e incuestionable, que sin dejar de tener importancia, distan en mucho del reclamo urgente, prioritario e impostergable de la población tuxtleca: seguridad pública primero, seguridad pública después y seguridad pública siempre.

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